Gracias, gracias de corazón por la gran acogida del post anterior y por vuestros comentarios. Es uno de los posts más leídos en El de Nika y el más comentado sin duda. Además, me ha gustado mucho leer vuestra opinión ya que cómo siempre os digo, cuenta y mucho sobre todo en posts como este, donde expongo mis reflexiones sobre unas Colaboraciones Sanas, y que puede servir de ayuda a las bloggers que se están iniciando en este mundo.

Además, quiero aprovechar para recordaros que estoy de sorteo (el otro día se me olvidó hacerlo) y si aun no habéis participado en el sorteoaquí podéis hacerlo hasta el día 08/11.

Y dicho esto, pasamos a por el post de hoy… tendría que tocar el blog del mes (que si puedo saldrá el sábado sino lo dejaré para el miércoles a más tardar) pero quiero compartir el que tenía pensado para este miércoles, que al final lo tuve que dejar ya que no me podía quedar callada ni un segundo más. Y cómo esta noche es la noche de difuntos o Halloween os traigo un nuevo relato, esta vez sobre misterio, que os traigo recién sacado del horno… Vamos que tiene de vida lo mismo que este post (apenas unas horitas) jejeje, ¿Me sigues?

 Relato – Halloween

Relato - Halloween
Si quieres pasar un poquito de miedo, sólo tienes que darle a Leer más…

Era una noche de Diciembre, fría y oscura. Almudena estaba centrada dibujando en su pequeño cuaderno cuando el autobús se paró y el conductor indicó que era la última parada, ya que se acababa su turno y se marchaba a cocheras. Al darse cuenta, recogió como buenamente pudo todas sus cosas y se bajó. No se había dado cuenta del tiempo que había estado subida en ese autobús ni que se había pasado de parada… Y justo en ese momento, todo ocurrió.

Hora y media después, Almudena recobraba la consciencia. No sabía donde estaba ni cómo había llegado allí, sólo sentía dolor en la cabeza. Al llevarse la mano a ella, se dio cuenta que estaba atada. Entreabrió los ojos y pudo alcanzar a ver una sombra en la lejanía. Parecía un hombre, y su voz le resultaba familiar. Por más que lo intentó, no logró entender ninguna palabra, por lo que puso toda su atención en ello cuando de repente, notó una respiración entrecortada en su nuca. Intentó darse la vuelta pero, ¡No había nadie ni nada! ¿Cómo podía ser posible? Se preguntó. Y se hizo la oscuridad.

«La perdemos, la perdemos», gritaba el ATS que atendía a Almudena, tras la llamada de la señora Rosa, cuya pequeña yorkie la había encontrado junto a unos arbustos esa mañana en el parque. Rosa, al ver que la perrita ladraba en esa dirección fue andando lo más deprisa que el reuma de sus piernas la podía dejar, y cuando vio el cuerpo lleno de heridas y sangre de la joven, llamó corriendo a emergencias. «Yo estaba sacando a Pepa cuando se puso a ladrar como una loca, y fue cuando vi a la muchacha, y llame corriendo, hasta se me ha caído el teléfono de las manos de los nervios» esgrimía la octogenaria mientras otro sanitario intentaba calmar el ataque de ansiedad que le había dado.

***

Había una luz roja, chillona. Notaba aun el dolor en su cabeza, pero no sentía las piernas. Notaba cómo algo líquido recorría su pecho y estómago, y entonces se dio cuenta que la habían narcotizado, desnudado y maltratado. Le costaba abrir los ojos, por lo que intuyó que tendría un buen moretón en uno de ellos. El dolor en su espalda se hacía cada vez más latente, cómo si hubiese recibido cien latigazos en ella. Con el tiempo descubriría que fue así.

«Hija, ¿cómo te encuentras? ¿Podemos hacerte unas preguntas?» Le preguntó varios días después,  el comisario Gutierrez. Almudena apenas recordaba nada, y se encontraba junto a su madre cuando el policía decidió que iba siendo el momento de empezar a  hacer su trabajo, pese a que los médicos le habían informado de la gravedad de las heridas. Con apenas un hilo de voz, «fue él», mientras señalaba la televisión.

Empezó a notar cómo un pitido agudo llegaba a sus oídos y de repente notó una descarga eléctrica en su cuello. La habían puesto un collar eléctrico, cómo los que aun se utilizan para el adiestramiento de algunos perros. El dolor se hizo insoportable, puesto que al estar consciente, intentó moverse para quitárselo y no pudo. Los hombros estaban cargados por soportar su peso y las piernas… ¡No podía mover las piernas!

***

Tras cerciorarse que la acusación de Almudena era cierta (la preguntaron hasta en diez ocasiones más), e investigarle en profundidad, todo estaba preparado para el operativo. Entre otras cosas, esta «perlita» tenía antecedentes por robo y maltrato hacia su expareja.

«Parece que lo que oigo es un ladrido, insistente y chillón», pensó Almudena mientras el dolor la estaba matando. Y en ese instante escuchó la voz de la señora Rosa que decía «Emergencias? Si, mire es que… no se si está muerta o viva, sólo se que está aquí tirada en el parque… No la quiero tocar, pero veo mucha sangre, y moretones… ¿Pueden venir rápido?» 

***

Era una noche de Diciembre, fría y oscura. Almudena estaba centrada dibujando en su pequeño cuaderno cuando el autobús se paró y el conductor indicó que era la última parada, ya que se acababa su turno y se marchaba a cocheras. Al darse cuenta, recogió como buenamente pudo todas sus cosas y se bajó. No se había dado cuenta del tiempo que había estado subida en ese autobús ni que se había pasado de parada… Y justo en ese momento, todo ocurrió. Él la había estado siguiendo. Llevaba meses haciéndolo, tras haberse prendado de ella aquel día. Ella salía de clase y él, estaba dejando su curriculum. Quería decirla algo pero… decidió que si no podía ser para él, no sería para ella.

 

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